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Presentación

Evidente como su condición insular, la unicidad de Mallorca no es óbice para que se demuestre capaz de mostrarnos una gama casi interminable de facetas. A pesar de su modesta extensión, su frágil y limitado territorio, ofrece al visitante un amplio abanico de posibilidades, paisajísticas, culturales, patrimoniales, de ocio.

Sin embargo, no ha sido hasta finales del siglo XX cuando este hecho ha sido apreciado en su justa medida. Hasta hace muy poco, nombrar Mallorca podía suponer sólo generar la imagen de su agradecido clima y de sus kilómetros de costa de fina arena. Sol y playa fueron durante años los elementos de una bandera que la distinguía como lo que era, y todavía es: un destino de gran calidad y de referencia en toda Europa gracias a un empresariado que supo apreciar hace ya un siglo las posibilidades de la Isla como destino turístico.

Pero, ¿dónde estaba la otra Mallorca?, la que supieron apreciar aquellos ilustres visitantes de finales del XIX y comienzos del XX y que quizá el archiduque Luis Salvador de Austria ejemplifica más que ninguno. ¿Dónde estaba la Mallorca tradicional que tan bien supo relatar el propio Luis Salvador en su obra Die Balearen?

El Gran Hotel

Quizá hiciera falta esperar a la obra de etnógrafos y folcloristas, ingente en la segunda mitad del siglo XX, sobre todo en su último tercio tras finiquitarse el régimen franquista para recuperarla. Quizá también había que esperar que un modelo turístico intensivo buscara su propia diversificación, explorando nuevos caminos.

Sean cualesquiera las razones, lo cierto es que a principios de este siglo XXI, turoperadores, agencias de viajes y planta hotelera se dirigen cada vez más a un cliente que busca en plena era de la mundialización, el carácter único de cada folclore y de cada especidad gastronómica; la particularidad endémica de cada paisaje; la historia irrepetible de cada pueblo; y el reflejo de esa historia en la artesanía.

Una guía, escueta, modesta por razones de extensión, de esa otra Mallorca es la que intentamos ofrecer aquí. El visitante que hojee esta guía debe considerarla un primer paso, una puerta abierta a un nuevo camino por recorrer. Por eso, hemos querido elaborar un documento que además de ser práctico, sugiera más que informe exhaustivamente; un manual que impulse al lector visitante a profundizar en el conocimiento de la Mallorca que le esbozamos.


El Castell de Cabrera

Dividida en nueve grandes rutas o itinerarios, la guía pretende ayudar al visitante a introducirse en el patrimonio natural de la Isla, en la costumbre y en la fiesta, en las huellas artísticas que la han marcado de manera especial, en la variada artesanía que pervive y en muchos casos ha devenido industria internacionalizada; en su historia a través de la arquitectura que practicaron sus sucesivos moradores.


La tradición artesanal del tejido se mantiene en los pequeños talleres especializados

Nada de lo que aquí se cuenta es residual, anacrónico, pasado. Todo está vivo, es presente y colea como un pez recién sacado del agua. Todo lo que aquí se relata constituye la parte esencial de lo que sus habitantes entienden por Mallorca. Aquí, por tanto, se unen lo consuetudinario con lo extraordinario, conformando la tradición. Y aquí, por tanto, se vislumbra el carácter de quien habita la Isla, perfilado en sus manifestaciones festivas tan poco estridentes, tan llena de complicidades; en su artesanía tan entrelazada con los productos de la tierra; en su arquitectura sustentada en la austeridad; en el paisaje que, amén de ser panorama, es también espacio interior.

Todo ello, y lo observará el lector al leer la guía, embebido en una lengua propia que se manifiesta a cada paso, en cada rincón: nombrándolo todo, desde el viento hasta la más diminuta planta que brota en la fisura de una roca y que constituye uno de los rasgos esenciales de una cultura, la mallorquina, amamantada por civilizaciones hoy desaparecidas, acunada en la mezcla de los pueblos y que siempre ha tenido por bandera la hospitalidad.

 

Esta es una guía, por tanto, útil para quien quiera conocer la tierra que visita, para quien desee ir más allá del lema publicitario y quiera descubrir, no aquello que se esconde, sino en realidad aquello que conforma Mallorca.
Son Corró, donde aparecieron las famosas cabezas de bronce de los toros de Costitx, una obra maestra del arte talayótico mallorquín

Esperamos que ayude a aunar el ocio al conocimiento, origen siempre de nuevos placeres.

La Catedral de Palma es uno de los edificios mas emblemáticos de Mallorca y uno de los más bellos ejemplares del gótico catalán

 

 


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